Los incendios forestales en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Problemáticas, mitos y tendencias.

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Los incendios forestales en el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Problemáticas, mitos y tendencias.

Por Tomás Navarro Gómez. Agente de Medio Ambiente. Coordinador de la BIIF de Jaén.

No siempre todos los incendios forestales deben ser considerados como algo pernicioso, algo inherente a la acción humana, o como algo relacionado, de forma exclusiva, a la presencia del hombre en este planeta. Me explico y voy por partes. Desde el inicio de los tiempos, desde la existencia de los primeros bosques, siempre han existido incendios forestales, cuyo origen es natural, causados fundamentalmente por rayos y volcanes. Así, el ecosistema mediterráneo actual, en su composición, funcionamiento y estructura, no se entendería sin los incendios forestales. A estos se debe la existencia de determinadas especies forestales que se defienden de los mismos de varias formas, por ejemplo las quercineas, concretamente  encinas, coscojas, quejigos y, por supuesto, alcornoques. De ellas, la estrategia más habitual es el rebrote tanto de cepa como de raíz. A esta adaptación se conoce como pirofitismo. Por eso se encuentran presentes determinadas especies, en detrimento de otras que no han sido capaces de habituarse.

Ahora bien, lo anterior no quiere decir que los incendios recurrentes sean beneficiosos para el monte, todo lo contrario, los incendios que se producen de forma habitual en el mismo espacio, dan lugar al empobrecimiento y a la regresión en las etapas evolutivas de los ecosistemas. Por desgracia, en la Península Ibérica abundan los ejemplos de ecosistemas degradados, con suelos paupérrimos, debido a la acción del fuego. También hay que tener en cuenta que los incendios no influyen únicamente sobre la vegetación, influyen además en la fauna, en el paisaje, en los acuíferos, en los procesos erosivos, en la economía local, etc.

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Foto cabecera: Exhibición de los medios del Plan INFOCA en la primera edición del festival (Foto Diego Navarrete)

Foto arriba: Extinción de un incendio forestal con medios aéreos (Foto José Miguel Nieto)

En la actualidad, y a nivel general, es el hombre quién interviene de una forma más agresiva en la evolución de los ecosistemas. Precisamente, la acción humana comienza a transformar el paisaje con el dominio del fuego, desde hace más de un millón de años. A partir de la revolución industrial, la acción del hombre (de forma directa o indirecta) sobre la naturaleza se incrementa de forma exponencial, y con ello los siniestros naturales originados por el mal uso del fuego. Por otra parte, desde mediados del siglo pasado, el desplazamiento de la población rural hacia las ciudades, ha influido de forma negativa en el desarrollo de los incendios. Aunque parezca contradictorio, la presencia humana en el medio rural evitaba una buena parte de los fuegos, pues contribuía a mantener limpio el monte de leñas, utilizadas para cocinar y para calentarse. A eso hay que añadir que el ganado que pastaba en el monte también contribuía a mantener el control sobre los mismos, al aminorar la cantidad de combustible seco sobre el suelo de los ecosistemas naturales.

Lucha y prevención de los incendios forestales: La creación de las BIIFs.

Contra los incendios se plantean diferentes estrategias. Primero, cuando éste se produce, lo prioritario es extinguirlo en el menor tiempo posible, es decir, evitar que se convierta en un gran incendio. Pero lo verdaderamente importante es intentar evitar el que se pueda llegar a producir, esto es, la prevención del mismo. En este caso se actúa desde varios frentes. Se realizan trabajos forestales preventivos, destinados a aminorar la cantidad de biomasa presente en bosques y matorrales, así como la de romper la continuidad de los combustibles en determinadas zonas, para aumentar la eficacia de la actuación de los medios de extinción en un determinado momento. Y segundo, imprescindible es una adecuada labor educativa, dirigida al público en general, especialmente a escolares, agricultores, ganaderos, cazadores, excursionistas, etc. Esto se hace de dos formas, una mediante un adecuado desarrollo legislativo, y otra mediante campañas de prevención a través de los medios de comunicación, así como acciones directas en determinados lugares donde el acercamiento a los colectivos implicados en la lucha contra los incendios forestales es más efectiva.

Para que las acciones preventivas tengan la eficacia deseada es necesario conocer las causas que originan este tipo de siniestros. Con este fin, hace dos décadas se crearon las denominadas Brigadas de Investigación de Incendios Forestales (BIIF) en Andalucía. Los componentes de estas son Agentes de Medio Ambiente con una amplia experiencia en incendios y además con formación especializada en investigación de éstos. En la provincia de Jaén, la mayor parte de los agentes que formamos o han formado parte de la BIIF, conocemos el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, desde su interior, habiéndonos formado, incluso, en el seno de este espacio protegido, concretamente en el Centro de Capacitación y Experimentación Forestal de Vadillo Castril. Precisamente los primeros miembros de las BIIFs de toda Andalucía, incluida la provincia de Jaén, asistieron al primer curso especializado impartido en nuestra comunidad autónoma, que fue impartido en Vadillo Castril por los miembros de la Brigada de Investigación de Causas de Incendios Forestales de Portugal, allá por 1994.

BIIF (Brigada de Investicación de Incendios Forestales)

Foto: Un Agente de Medio Ambiente de la BIIF en tareas de investigación de un incendio (foto José Miguel Nieto)

Cuando se comenzó con la investigación generalizada y sistematizada de los incendios forestales en Andalucía, enseguida tuvimos que desterrar algunos tópicos. Todavía hoy, cuando escuchamos de la existencia de un incendio, lo primero que pensamos, es que se ha originado de forma intencionada. La guardería forestal que, de forma genérica, era la encargada de proponer las causas antes de la constitución de las BIIFs, incurría a menudo en dicha creencia. Tras los primeros resultados, las frías, pero necesarias estadísticas, cambian de forma radical las porciones del “queso”. Las causas atribuidas a la intencionalidad bajan  a una tercera parte del total conocido (menos de la mitad) de los incendios forestales, y aumentan significativamente el porcentaje de siniestros originador por negligencias y los accidentales. Por supuesto, el porcentaje de aquellos de los que desconocíamos su causa, pasan de superar el 50 % en la mayoría de los casos, a representar porcentajes mínimos. Desde la creación de las brigadas, en diecinueve de cada veinte incendios se logra determinar la causa.

El objetivo de conocer la causa, para poder actuar sobre ella con medidas preventivas, se ha logrado. Otra cuestión es la de encontrar el causante, que no siempre es posible. Como, a priori, todos los incendios forestales, incluidos los conatos, pueden ser constitutivos de delito, existe un protocolo de trabajo en la investigación de este tipo de siniestros. Por un lado, la BIIF se encarga de identificar la causa (prueba material) y los cuerpos de seguridad del Estado, Guardia Civil y Policía Nacional adscrita a la Junta de Andalucía, hacen lo propio con el causante (prueba personal).  La segunda parte de la investigación depende en gran medida de la primera, por lo que la colaboración y comunicación entre los distintos colectivos profesionales implicados es fundamental, al igual que ambos con las instancias judiciales. Resultado de dicho trabajo es que, por ejemplo, en el año 2013, uno de cada cinco incendios en nuestra provincia derivó en la imputación de su presunto autor o autores.

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Foto: Restos de cerilla (foto José Miguel Nieto)

Causística de incendios forestales en el Parque Natural.

Volviendo al Parque Natural, nos encontramos en un territorio distinto al resto de España y Andalucía, respecto a la causística de incendios forestales. A tenor de las estadísticas de los últimos años, casi la mitad de los incendios (alrededor del 45%) se produce por negligencias, entre las que destacan las quemas para la eliminación de residuos agrícolas y, en menor medida, de forestales. Y aunque los intencionados, en la historia reciente de nuestras sierras, van por oleadas, en la última década supone menos del 20% del total. Además, ni mucho menos, han sido esos siniestros los más graves en dicho período.

Sin lugar a dudas el incendio más grave en el espacio natural protegido en los dos últimos lustros ha sido el de la Sierra de las Villas. Casi seis mil hectáreas quedaron arrasadas entre el 7 y el 11 de agosto de 2005. Una tormenta seca, que se inició en Sierra Morena y que terminó en las estribaciones de la Sierra de Segura, dejó a su paso, como en una plaga bíblica,  un dantesco espectáculo de fuego e impotencia humana ante la fuerza de la Naturaleza. Los servicios meteorológicos registraron un total de 512 rayos aquella fatídica tarde, y ni una sola gota de lluvia.

A nivel nacional la proporción de incendios originados por causas naturales, es decir por rayos, supone menos del 5%, mientras que en las comunidades mediterráneas el porcentaje se duplica, alcanzando casi el 10%. Eso se debe a las especiales características orográficas y climatológicas del sur y este peninsular. Las tormentas estivales en el Parque Natural es una realidad tan cotidiana como alarmante. En este territorio, uno de cada tres incendios se produce por el efecto de la caída de rayos sobre la vegetación natural. La gran cantidad de agua que almacenan estas sierras, debido fundamentalmente a sus abundantes lluvias otoñales, invernales y primaverales, contrasta con un periodo de sequía extremo y de muy altas temperaturas, que se prolonga durante más de tres meses. Las tremendas evaporaciones que se originan en la masa continua de coníferas más extensa del sur de Europa, producen durante el verano gran cantidad de cumulonimbos, nubes de gran desarrollo vertical que suelen ser las responsables de las tormentas eléctricas. La dificultad para atacar este tipo de incendios, debido a que las centellas que los originan suelen caer en lugares escarpados e inaccesibles, y a que, durante la tormenta, los medios aéreos no siempre pueden actuar, además de los fuertes y cambiantes vientos que acompañan a este fenómeno meteorológico, explican que, de vez en cuando, ésta sea la causa de incendios de dimensiones importantes.

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Foto: Conato ocasionado  por negligencia en la  quema de residuos forestales (foto José Miguel Nieto)

La prevención para este tipo de incendios es complicada, pues el abandono del campo y el cambio de vida rural hacen que nuestros montes acumulen gran cantidad de combustible, que es la causa “estructural” que más nos preocupa. Mantenerlos “limpios” en su totalidad, a través de los trabajos preventivos plantea problemas de viabilidad económica y exceso en el gasto público.

En el resto de causas, si que podemos actuar sobre las causas “inmediatas”, sobre todo en los originados por negligencias, donde una adecuada educación y la aplicación de la legislación vigente  pueden evitar la mayoría.  La parte más preocupante, en este sentido, es la del grupo de intencionados, ya que en general, las especiales connotaciones de éstos impiden, en gran medida, su corrección de una forma efectiva.

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Foto: Señales utilizadas por  los miembros de la BIIF en la investigación de las causas que provocaron  un incendio. Los incendios originados por negligencias en las quemas de residuos agrícolas, dominan la estadística de la provincia de Jaén

De todas formas, en mi modesta opinión personal, debemos ser optimistas, ya que, si bien, de vez en cuando surge algún gran incendio, no es lo más habitual. Y aunque con algún “diente de sierra” en la estadística, a nivel general, está disminuyendo el número de incendios en el territorio. A ello ha contribuido  que los ciudadanos estamos cada vez más concienciados con la necesidad de conservar el medio que nos rodea.

 

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